Supongo que todo txalapartari tiene una anécdota que contar, ahí va una mia.
Recuerdo que hace años teníamos que participar en el Berantevilla Confussion. Se trataba de amenizar el día en la plaza del pueblo y por la noche realizar una actuación de 30 min. Bien, a la organización se le ocurrió que sería buena idea realizar una comunicación entre dos txalapartas situadas una en la plaza y la otra en el campanario. Así que Santi y yo comenzamos aquel viaje escaleras arriba. Fue una auténtica experiencia el realizar una comunicación con otra txalaparta desde allí, ya que desde abajo y dada la acustica de los campanarios, a nosotros se nos oía muy bien, pero Santi y yo teníamos que intentar averiguar cuando se acababa el toque de txala-abajo, ya que no oíamos nada desde.
El caso es que ya empezamos a tocar, y claro, en un campanario, pues hay que probar que tal suena la campana, no? Así que nos pusimos a tocar en ella. Santi, que fue listo, lo dejó al momento, mientras yo me quedé mezclando la txalaparta con la campana.
En buena hora, claro!!! No tenía ni idea de que hora era, y comenzó a sonar la campana mientras yo estaba tan tranquila debajo de ella tocando. El bote que pegué en ese momento creo que no se nos va a olvidar, claro, además de todo el cachondeo posterior. Era para verlo, la txalaparta quedó callada durante un instante y zas!, vuelve de repente